La ambición de Roland Pryzbylewski

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Si ya has visto The wire, no te será complicado pronunciar este apellido imposible. Si no la has visto, te cuento que el resto de personajes le llamaban “Prezbo” o “Prez”, por ser incapaces de pronunciarlo correctamente.

Es fácil cogerle cariño a Prezbo. Es el yerno de uno de los capitanes de la policía de la ciudad de Baltimore, y es parte del Cuerpo, aunque la verdad es que es un desastre. Antes de que aparezca en escena ya se cuenta que tiroteó su propio coche patrulla, y en la primera temporada deja tuerto a un chico al que golpea con su arma. Pero no os confundáis, no es un rufián, es más bien un patán.

Prezbo es destinado al comienzo de la serie a una nueva unidad policial, que va a tener que enfrentarse a un nuevo caso, más como un escondite para un inútil que como una promoción. Sorprendentemente, Prez consigue tras una mesa de oficina encontrar su hueco en la policía. Su vida no está en la calle, su talento policial está en un despacho. No es un hombre de acción, pero es tan bueno en su trabajo como el que más.

En el primer capítulo de la segunda temporada, Prez aparece visitando a su suegro, Stan Valchek. Este, comisionado de la zona Sudeste de Baltimore, le recibe sin escucharle demasiado, ya que su atención está puesta en unas vitrinas que ha encargado para la Iglesia. Prezzbo le cuenta a su suegro que no quiere ascender en la carrera policial. Se enfrenta a su superior, contándole que su motivación no es la de escalar puestos en la cadena de mando, si no en participar en casos grandes. Prez le ruega que le haga partícipe de proyectos interesantes.

Stan Valchek le responde airado con el plan que tiene para él. Se presentará al siguiente examen para sargento, y después será teniente. Tendrá una vida tranquila, sin grandes sobresaltos. Esa es la vida que tiene destinada para Roland Pryzbylewski y para su propia hija.

La decepción en la cara de Prezbo es patente. Él no quiere esa vida. Y sin embargo…

Conocer el talento de uno mismo ya es de por si bastante complicado. Necesitamos de una reflexión profunda, y de una mirada valiente hacia dentro. Reconocer nuestro talento también significa reconocer nuestros límites, y no nos gusta saber que tenemos límites. Si, además, una vez que hemos descubierto nuestro talento, nos enfrentamos al mundo para conseguirlo, crecerán exponencialmente nuestras posibilidades de triunfar.

Lo que le falla al pobre de Prezbo son los medios. Él conoce el camino, pero no sabe como llegar hasta el destino. No, Prezbo… Pegarle un puñetazo a tu suegro y jefe delante de tus compañeros quizá no sea el método adecuado.

En la cuarta temporada veremos a Prez dando clase como un profesore ejemplar en un instituto. Y es que… los caminos del talento son inescrutables.

Kata ton daimona eaytoy

Jim Morrison. Todo el mundo sabe como vivió. Todo el mundo sabe como murió, y donde está su tumba. Una lápida en el cementerio de Père-Lachaise en París, ciudad en la que encontró la muerte, o en la que tal vez fue ella la que la encontró. Pero hoy no hablaremos de su muerte.

“El nacimiento del rock and roll coincidió con mi adolescencia, mi entrada en la conciencia. Fue una verdadera conexión en ese momento y después. Aunque no pude permitirme fantasear racionalmente para hacer ese vínculo yo mismo. Supongo que todo ese tiempo estaba inconscientemente acumulando información y escuchando. Así que cuando por fin sucedió, mi subconsciente había preparado todo.” El subconsciente de Jim Morrison definiendo como nace la creatividad perfectamente.

Hay una famosa foto de un concierto de The Doors, en blanco y negro.

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En ella Jim Morrison aparece en el suelo del escenario, en mitad de un concierto. Con los ojos cerrados, en posición fetal, aún agarrado al micro, dando la espalda al público. Se le ve exhausto, entregado a la música, al sentimiento. Y sin embargo… Y sin embargo, el público no muestra ninguna emoción. Todos los rostros contenidos, ninguna muestra de histerismo ni ilusión propia de un concierto. Él era la estrella del grupo, el Dios. Pero nadie, excepto él, demuestra ninguna emoción. Jim Morrison, solo en el escenario frente a miles de personas. Todos viendo al cantante mítico, al gran Jim Morrison, tumbado en el suelo. Sintiendo la música a su manera, como él creía en ella. En soledad.

La tumba de Jim Morrison es una lápida hundida, con un pequeño monolito, en el que hay un pequeño lema grabado: Kata ton daimona eaytoy. En griego antiguo, Fiel a su propio espíritu.

Como siempre.