Kata ton daimona eaytoy

Jim Morrison. Todo el mundo sabe como vivió. Todo el mundo sabe como murió, y donde está su tumba. Una lápida en el cementerio de Père-Lachaise en París, ciudad en la que encontró la muerte, o en la que tal vez fue ella la que la encontró. Pero hoy no hablaremos de su muerte.

“El nacimiento del rock and roll coincidió con mi adolescencia, mi entrada en la conciencia. Fue una verdadera conexión en ese momento y después. Aunque no pude permitirme fantasear racionalmente para hacer ese vínculo yo mismo. Supongo que todo ese tiempo estaba inconscientemente acumulando información y escuchando. Así que cuando por fin sucedió, mi subconsciente había preparado todo.” El subconsciente de Jim Morrison definiendo como nace la creatividad perfectamente.

Hay una famosa foto de un concierto de The Doors, en blanco y negro.

morrison stage.

En ella Jim Morrison aparece en el suelo del escenario, en mitad de un concierto. Con los ojos cerrados, en posición fetal, aún agarrado al micro, dando la espalda al público. Se le ve exhausto, entregado a la música, al sentimiento. Y sin embargo… Y sin embargo, el público no muestra ninguna emoción. Todos los rostros contenidos, ninguna muestra de histerismo ni ilusión propia de un concierto. Él era la estrella del grupo, el Dios. Pero nadie, excepto él, demuestra ninguna emoción. Jim Morrison, solo en el escenario frente a miles de personas. Todos viendo al cantante mítico, al gran Jim Morrison, tumbado en el suelo. Sintiendo la música a su manera, como él creía en ella. En soledad.

La tumba de Jim Morrison es una lápida hundida, con un pequeño monolito, en el que hay un pequeño lema grabado: Kata ton daimona eaytoy. En griego antiguo, Fiel a su propio espíritu.

Como siempre.

Sternstunden

Sternstunden es una palabra alemana que indica que un determinado momento ha sido tan importante en tu vida que la ha cambiado, llevándola en una dirección diferente a la que llevaba. Lo que puede ser en castellano una epifanía, un momento de revelación.

Es ese momento específico el que busca el coaching, ese momento científico, en el que las neuronas de nuestro cerebro consiguen hacer “click”.

A San Pablo le llegó a través de una caída de su caballo, por una luz cegadora. A Federer le llegó gracias al comentario de alguna persona de su entorno. Algunos juran que sienten como el corazón se les rompe, literalmente, o sienten cómo se crea la úlcera en su estómago.

Todos percibimos la realidad a través de los mismos sentidos, pero normalmente uno de ellos deja una huella mayor en nosotros, produce un mayor impacto, nos “toca” más profundamente que el resto. Puede ser la vista, puede ser el oído, o puede ser el tacto, las sensaciones. Cada uno de nosotros tiene su manera preferida de aprender, de recordar. Uno de ellos es el manera en la que recuerdas, la manera en la que se quedan los recuerdos, los aprendizajes, fijos en tu cabeza.

Cuando los griegos grabaron “Conócete a ti mismo” en el oráculo de Delfos, no sabían qué era el coaching, pero sabían que conocer cómo uno mismo aprende y recuerda era fundamental para dirigirse en la vida.
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Y tú? Aprendes por la vista? Te llegan los recuerdos por imágenes? Sabes cómo funcionas?

Un ejercicio sencillo… Recuerdas como fue tu primer día de trabajo? Como te llegan esos recuerdos? Imágenes? sonidos? Sensaciones? De la manera en que recuerdes es como quedan grabados los recuerdos en tu cabeza. Y de esa manera será más sencillo que, a partir de ahora, queden grabados, pues ya eres consciente de ello.

Pero.. esto no queda aquí. Y si somos capaces de saber qué necesitan los demás para recordar y entender mejor? No sería genial si pudiéramos dirigirnos a cada uno según su mejor método para entender o memorizar? No haríamos todos por entendernos mejor? Y si es así… por que no lo intentamos? Y.. mejor aún!! Por qué no lo hacemos??

La sonrisa de Magic.

La semana pasado Piqué, el defensa central del Barça, declaró que el éxito de este equipo estaba en que jugaban con una sonrisa en la boca, tal y como lo hacían los Lakers de Magic Johnson.

La táctica, la técnica y la capacidad física son algunas de las claves en el deporte actual. Cada día la exigencia es mayor, cada día los equipos y los deportistas están más preparados, los medios a su disposición son mayores. La inversión en fichajes, en investigación para la prendas deportivas… Cada día el deporte depende más de la inversión de dinero en él. Parece que los mejores equipos deben ser los más ricos. Pero….

Pero Piqué, uno de los jugadores que ha ganado todas las competiciones posibles, todos los trofeos que un futbolista profesional puede alcanzar, no hace hincapié en nada de esto para comentar la buena racha de su equipo. Piqué habla de sonrisas, de actitudes. La clave está en que somos felices cuando jugamos.

Quien soy yo para quitarle la razón a un Campeón del Mundo? Sin embargo, quizás si me atrevo a matizarlo.

Alberto Herreros es uno de los mejores jugadores de baloncesto que ha dado este país. Jugó 655 partidos en la Liga ACB, de la que sigue siendo, a día de hoy, su máximo anotador histórico. Herreros no era Magic. No tenía ni su carisma ni sus asistencias. Ni tampoco su sonrisa.

Herreros no sonreía en los partidos, nunca fue el más simpático de la clase. Y había una razón detrás de ello. Herreros, que se conocía muy bien, declaró que “salía un poco cabreado a los partidos, para salir completamente motivado y centrado”. Herreros utilizó una manera diferente de concentrarse en los partidos que Piqué, pero, y esto es lo verdaderamente importante, igualmente efectiva.

Los métodos que para otros son útiles quizá no lo sean para ti. Lo que a ti te funciona, puede que suponga un desastre para otra persona. No hay nada como conocerse.

En el vídeo, una de las remontadas más increíbles del baloncesto nacional. La última canasta, de Alberto Herreros.

TEDxMoncloa

Ayer tuve la oportunidad de estar en el evento TEDxMoncloa, unas charlas con el espíritu de las famosas TED talks. Hubo de todo: buenas intervenciones, malas y regulares, pero sin duda me quedo con alguno de los momentos de una de las charlas en vídeo que tuvimos la oportunidad de ver. Que… me preguntareis que si se puede ver en internet, para que nos la ponen allí, pero ya eso es algo que no os puedo responder.

En el vídeo hay momentos cómicos y trágicos, es una experiencia sin duda desconcertante y extraordinaria. Sin embargo,de todo lo que encontramos en él me quedo, además de con el emocionante aplauso final, con su dialogo interior al ser consciente de tener un derrame cerebral. Decirse a sí misma la suerte que tiene por poder experimentar en su propia piel lo que un paciente siente al tener un derrame cerebral. ¿No es aterradoramente extraordinario?

Un derrame cerebral es, sin ninguna duda, una tragedia. Sin embargo la doctora Jill Bolte Taylor es capaz de ver la utilidad que tiene, es capaz de ver el vaso medio lleno, incluso de verlo lleno completamente, aunque sea la mitad de agua y la mitad de aire. Extraer de todas las situaciones posibles el lado positivo es lo que, sin duda, conlleva al éxito.

Que podemos aprender de esto? Cuantas veces parecía que las cosas iban mal, pero… oye! al final la cosa salió mucho mejor de lo esperado! Cuantos equipos han jugado mejor con diez jugadores tras la explusión de un compañero? Cuantas veces hemos escuchado “no hay mal que por bien no venga”? Y si hacemos alguna vez caso a los refranes? Al menos… a aquellos que nos venga bien!

PD. Os recuerdo que aún podeis hacer vuestras donaciones para la investigación contra el cáncer de próstata! http://mobro.co/jorgeviejo

Un cuento de coaching.

Un hombre atraviesa una pared. Se levanta tranquilamente del sofá blanco donde está sentado en casa de su amigo, charlando sobre banalidades con los compañeros comunes de la oficina, y ante la mirada atónita de todos, se lanza a caminar con un paso firme y decidido hacia la pared grande del salón, la que le separa del dormitorio principal.

Son seis pasos los que le llevan hasta la pared impoluta, sin armarios ni cuadros, seis pasos que da con seguridad y aplomo, con la mirada fija y en una especia de ausencia. A cada paso el silencio se va adueñando del ambiente, como un ejército de nieve, y las conversaciones de la sala van muriendo, fijando la atención de los cinco sentidos de cada uno de los presentes en el hombre que se dirige hacia la pared.

A cada paso la distancia se reduce, el choque se ve inevitable, y la angustia va sucediendo a la sorpresa. Ese hombre va a chocar contra la pared, la dura pared sin cuadros ni armarios que separa el salón del dormitorio. Pero no parece que el dolor vaya a minar la decisión del hombre, que ni siquiera se gira al percibir, pues no puede ser de otra manera, la atención de todos los presentes fija en él. Ni siquiera parece que el dolor esté en la cabeza de ese hombre, que solo piensa en atravesar la pared. Un paso menos.

Alguno de los presentes se pregunta a sí mismo si sería capaz de atravesarla, si sería capaz de intentarlo, siquiera si fuera capaz de planteárselo. No, se dice. Si mi corazón alberga dudas sobre si podría planteármelo, como podría conseguirlo? Sin la determinación necesaria no sería capaz de conseguirlo, y esta determinación debería ser completa. No, no sería capaz de conseguirlo.

Quien se sienta al lado de este primer invitado se pregunta por la molestia de intentar atravesar una pared en este momento. Quizá podría haber esperado a los postres, o al menos cuando no estuviera hablando con ella, la chica rubia de compras, sin duda la más guapa de la reunión. Llevaba toda la semana esperando este momento para que ahora se pusiera a intentar atravesar paredes este mendrugo. Qué es lo que intentará? Lo hará solo para fastidiarme?

Otro se pregunta si el hombre que va a atravesar la pared ha pensado en el dueño de la casa. Imagínate, estaba celebrando una reunión para unos amigos del trabajo, y de repente se va a encontrar con un agujero en la pared, unos cuantos escombros y mucho polvo rondándolo todo. O, peor, un amigo sangrando por la nariz rota y manchando de sangre todo a su paso. No, no debería haberlo pensado.

Un cuarto desea con todas sus fuerzas que atraviese la pared. Que lo haga, que lo consiga, que triunfe como nadie lo ha hecho antes. Que asista a un hecho maravilloso, diferente, inaudito, algo que poder contar en el bar después. Bien pensando… ni siquiera le importa si lo consigue o no. Solo quiere que lo intente, que triunfe o que fracase nada le aportara. Solo que suceda algo.

Ella, con quien estaba hablando justo en el momento en el que se levantó para decirle que iba a atravesar la pared, se pregunta si estará bien. Desea con todas sus fuerzas que sea capaz de conseguirlo, que atraviese la pared de una manera limpia, elegante, casi sin esfuerzo. Lo desea porque sabe que él lo desea. Y no es que sienta nada especial por él, ni siquiera lo considera un gran amigo, pero le gusta pensar que todas las personas consiguen aquello que se proponen.

Y mientras todos estos pensamientos fluyen, él da un paso más. Seguro, firme, rocoso, se acerca cada vez más a la pared, que ahora parece inmensa, muy compacta, dura de verdad. Escucha los rumores de los pensamientos de sus compañeros en el silencio de la habitación, pero decide ignorarlos. Decide centrarse en su respiración, en su ritmo de paso, en el roce de las perneras de sus pantalones chocando entre si al dar un nuevo paso. El foco de su mirada se reduce, la pared lo es todo, y en su voluntad solo cabe el cruzarla.

Cualquier otro pensamiento le abandona, nota como el cerebro se vacía para solo ser ocupado por una palabra, que se le aparece con letras blancas sobre un fondo negro: ATRAVIESALA. Así, en mayúsculas, sin dudas, sin nada que pueda hacerle cambiar de idea o distraerle. Atraviesa esa pared.

Y la atraviesa. Ajeno al dolor que pudiera causarle, ningún dolor siente. Ajeno a las conversaciones de sus compañeros, nada escucha en su mente. Abre los ojos, que cerró instantes antes de chocar contra la pared, y descubre ahora una estancia blanca, completamente aséptica, tal como imaginaríamos un hospital del futuro. Mira hacia atrás, pero se encuentra con la misma blancura. Un blanco que le hace acomodar la vista, molesta por el reflejo demasiado intenso. Se mira a sí mismo, comprobando que no tiene ni un rasguño tras atravesar la pared. Se limpia unas imaginarias motas de polvo de la chaqueta.

Sonríe. Ha atravesado la pared. Sólo tenía que querer hacerlo. Y lo quiso. Y lo hizo. No escucha nada, ya nada le perturba. Se encuentra en la habitación impoluta, frente a aquello que había venido a buscar. Solo, frente a aquello que había venido a buscar.

Si la vida te da limones… haz lo que quieras.

Quinientos diez millones de kilómetros cuadrados, que es la superficie de la Tierra, son muchos kilómetros cuadrados. Y, además, están llenos de variables, de personas que pueden influirnos, de tormentas a punto de estallar, de sucesos inesperados a la vuelta de la esquina. El tiempo parece lineal, aunque…ni siquiera eso lo sabemos con certeza. Las empresas de apuestas deportivas se hacen de oro, basándose en que hay muchas opciones de futuro, no hay una única, y son miles de variables las que pueden influir para que finalmente suceda una u otra. Lo bueno del futuro es que nadie sabe con certeza lo que va a pasar.

Aunque.. algo si podemos adivinar. Mañana va a salir el Sol. Quizá no luzca mucho, quizá apenas lo veamos enmascarado en una gran capa de nubes. Quizá luzca con fuerza a pesar de ser otoño, sorprendiéndonos a todos. Pero… el Sol va a salir mañana. Te lo aseguro. Y hay una segunda gran certeza sobre mañana. Tu estarás ahí. Ahí, dentro de tu cuerpo, no habrás podido salir de él y cambiarte, no te habrás transformado en la cantante famosa de curvas suaves o en Optimus Prime. Seguirás ahí. Siendo tú.

Todo lo demás es variable. Algún desconocido, en mitad de la calle, puede que te regale limones. Y tu puedes decidir desecharlos o exprimirlos y vender limonada. Quizá te regale naranjas, y podrás decidir si quieres tirarlas a la basura o hacer naranjada, porque tú lo que realmente querías era pomelo. Y puede que no te encuentres a nadie en la calle, y tu decidir ir al mercado a comprar los pomelos. O los limones. O las naranjas. O el zumo ya exprimido.

En el libro “En mil pedazos”, de James Frey, el autor cuenta su propia experiencia. Encerrado a los veintitrés años en una clínica de desintoxicación, tras diez años de drogodependencia y abuso de todo tipo de sustancias, narra con absoluta cercanía sus experiencias y, sobre todo, sus sensaciones. Es un libro fantástico. Y terrible a su vez. En el centro al que acude le convencen para que siga los doce pasos de su programa, y que luego permanezca siempre en Alcohólicos Anónimos. James no quiere, no se siente cómodo. Le parece demasiado rebuscado, demasiado largo; no está hecho a su medida. Para él todo se reduce a algo simple. A algo muy muy simple: Decidir. Decidir que quiere ser, quién quiere ser, decidir qué hacer. Decidir en cada momento, sabiendo qué es lo que quiere ser, quién quiere ser, qué es lo que quiere hacer.

Solo hay una certeza más. Si piensas que la limonada va a salir bien, hay más posibilidades de que salga bien. Martini nos lo cuenta en blanco y negro.

El equipo A

“En 1972, cuatro de los mejores hombres del ejército americano que formaban un comando, fueron encarcelados por un delito que no habían cometido. No tardaron en fugarse de la prisión en la que se encontraban recluidos. Hoy, buscados todavía por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si tiene usted algún problema y se los encuentra, quizás pueda contratarlos… EL EQUIPO A”

Quizá al comenzar a leer este post te hayas visto capaz de terminar el párrafo sin necesidad de leerlo. Es entonces fruto de muchos años de televisión y de una serie importante de capítulos del Equipo A, quizás incluso de un reparto de los personajes con los amigos en el parque, tú MA, tú Phoenix, tú Murdoch…

Si a estas alturas de la lectura no sabes de qué se está hablando aquí, confirmarte que es la entradilla de cada capítulo de El Equipo A, una serie mítica de la televisión, y preguntarte… dónde has estado todos estos años??

Hay ciertas cosas que se nos quedan en la memoria, sin que nosotros hagamos ningún esfuerzo para ello, simplemente, se alojan ahí y forman parte de nosotros para siempre.

Según algunos estudios, tendemos a fijar en la memoria con mucha mayor hondura las cosas que nos ocurren en la adolescencia, entre los 16 y los 20 años. Hay, por supuesto, otros hechos en nuestra vida que dejan una huella imborrable, pero todo aquello que nos sucede en la adolescencia queda muy marcado en nuestra memoria.

“La mayor capacidad de memoria en esta época de la vida permite que se absorba más información, lo que afecta el juicio subjetivo de las personas acerca de sus momentos más felices. Por eso, desde las películas, hasta la música o los libros que se leen en la adolescencia, quedan grabados para siempre”, según fuentes del estudio. La adolescencia es pues, una época clave para formar la persona que vendrá detrás.

Y podemos dar como ejemplo de que esto es cierto, la palabra “nostalgia”, el anhelo de un momento o situación concreto. Nos acordamos con una sonrisa en los labios de los días adolescentes, de los grupos que escuchábamos entonces, de las modas de aquellos días. Quedaron impregnadas en nuestras memoria con fuerza, y ante las modas actuales, y los sonidos de ahora, solo podemos decir: “Están bien, pero en mis tiempos…”.

La nostalgia, que no es una enfermedad, está causada por la fuerte fijación de las situaciones y momentos de la adolescencia en la memoria. Al menos ahora sabemos como funciona, y espero que no nos lleve a vestirnos como Michael Knight o cortarnos el pelo como MA!

Me encanta que los planes salgan bien.

Roger Federer y su clic.

“¿De qué me enorgullezco más? Creo que de mi carrera, porque nunca pensé que sería tan bueno. Se me consideraba bueno cuando era joven en Suiza, pensaban que podía llegar a ser uno de los cien mejores”, admite frente a una mesa repleta de periódicos cuyas primeras planas lo elevan a los altares del deporte. “¡Eh, no son míos!”, advierte.

“Pero una cosa fue llevando a la otra. Yo surgí con una generación extremadamente fuerte de jugadores. Hewitt, Safin, Roddick, Ferrero, Haas… Eso me obligó a mantenerme en su nivel, no a ser el mejor”.

“Con los entrenamientos y la práctica me fui convirtiendo en un verdadero profesional. Y a mis veinte y pico, lamentablemente un poco tarde, aunque al final estuvo bien, considerando cómo se desarrolló mi vida, algo hizo ‘clic’ y gané mi primer Grand Slam”.

“Siempre había preguntas en los medios acerca de si lograría algo o sería uno de esos eternos talentos desaprovechados. Yo era famoso por no ser consistente, estoy orgulloso de cómo cambió todo. Hice ‘clic’ y aproveché todo mi potencial

 

Hay que hacer clic!!!

La economía como estado de ánimo.

“La suerte es para el que la busca”. Es una frase que hemos escuchado muchas veces, y que viene a decir que aquel que más trabaja, curiosamente, es el que más suerte tiene. Yendo más allá, entendemos que el estado de ánimo influye mucho en el resultado final. Si afrontamos un desafío convencidos de que vamos a conseguirlo, tendremos muchas más posibilidades de lograrlo que si no creemos en nuestras posibilidades.

Estaba viendo la tele esta tarde, y en las noticias anunciaron lo siguiente:

“El paro baja en casi 99.000 personas en Junio, pero la tasa interanual de desempleados crece un 12%”

Bien. Es este un buen dato o no? La verdad es que uno comienza leyendo y parece que no está mal, pero al terminar de leer la frase a uno le dan ganas de acaparar las latas de guisantes en el supermercado por lo que pueda pasar.

El dato objetivo es que el paro ha descendido en 98.853 personas, y la tasa interanual de desempleados es de 11.97%.

El fútbol, decía Valdano, es un estado de ánimo, y la economía, añado yo, que soy un valiente, también lo es. La confianza parece un factor clave en la economía. Si algo va bien, nos subiremos al carro, si algo va mal, venderemos lo antes posible. Parece lógico, no estamos para arriesgarnos.

Juntando todas estas ideas, sabiendo que el marketing tiene unas bases muy sencillas (las cifras que acaban en impares, parecen menores, un precio 9.99 parece muy inferior a un 10, aunque no lo sea), no pensáis que podemos incidir en la manera de dar esta noticia que nos haga buscar un poco más la suerte?

Vamos a probar con un nuevo titular.

“El paro bajó en España en casi 100.000 personas en el último mes. Es la mayor caída en los últimos 16 años”

Por que… a quien le interesa la tasa interanual? Seguro que no podemos sacar una tasa trimestral, bimensual, de los últimos veinte minutos, que refleje algo positivo? Si no vendemos algo positivo… quien va a querernos? Que tal si nos damos a nosotros mismos un mensaje positivo?

El efecto Pigmalión y la Selección.

El efecto Pigmalión consiste en conseguir algo debido al impulso de creer que es posible conseguirlo.

La autocreencia de que es posible conseguir un objetivo hace mucho más viable la consecución del objetivo. Tiene su origen en la mitología griega, como otras muchas buenas historias.  Pigmalión, un escultor griego, se enamoró de una de sus esculturas, llegando al punto de tratarla como si fuera una persona real. Después de un sueño, Afrodita convirtió en alguien real dicha escultura. Se llama Efecto Pigmalión, ya que él superó lo que esperaba de sí mismo al crear una escultura tan perfecta que llega a enamorarse de ella.

Hoy, que la selección de fútbol se juega su pase a la final de la Eurocopa, recordamos el partido quizá más emocionante de los últimos años, el que cambió la mentalidad de la Selección. Una selección que tradicionalmente caía en la ronda de cuartos de los grandes campeonatos, se enfrentaba a Italia, una selección que parecía a un nivel superior, casi intocable.

El partido terminó empatado. España había jugado como nunca, pero… al menos se había salvado de la habitual derrota. Y llegaban los penaltis, en los que todos pensamos que iban a ser la despedida de la selección del campeonato. Comenzaron marcando Villa y Cazorla. Casillas paró el segundo lanzamiento de los italianos, y Senna amplió la ventaja de España. Sin embargo, Güiza falló su lanzamiento, y comenzamos a pensar que era el comienzo de la remontada de Italia, de la historia de siempre.

Pero dos jugadores estaban convencidos de poder cambiar la historia. Casillas paró el siguiente penalti de los italianos, y de repente nos vimos todos rezando para que Cesc metiera su lanzamiento. Si entraba, España habría pasado de cuartos. Un objetivo que parecía inalcanzable, una barrera mental pero que casi podíamos tocar y sentir con las manos.

Así que Cesc cogió el balón, dijo unas palabras para sí, dio diez pasos hacia atrás y, decidido, comenzó una carrera hacia el esférico, que golpeó decididamente, sin una sola duda. Cesc sabía que el balón iba a entrar nada más cogerlo en sus manos. Él creía.

Corrió hacia la grada repleta de españoles vestidos de rojo. Solo entonces entendimos que sí, que aquel objetivo se había conseguido. Gracias a aquellos dos irreverentes españoles, que lucharon contra las ideas preconcebidas, que no quisieron entender las normas, todo un país creyó que no había límites.

Hoy, cuatro años después, las semifinales parecen un objetivo sencillo, alcanzable. Que fácil nos acostumbramos a las cosas buenas. Pero… esta sensación no hubiera sido posible sin que un grupo de personas pensara que sí, que ellos son capaces de amar una estatua de piedra como si fuera alguien real.